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Esta experiencia nos ha permitidoreflexionar y cuestionarnos acerca de las estructuras de relación humanas y de los desequilibrios y desigualdades que esta generan.Tales estructuras comprenden lo público; las instituciones o las administraciones y atañen también a lo privado, como lo son las dinámicas individuales entre las personas. Estas estructuras parten de actitudes y creencias fuertemente impresas en el imaginario y en mentalidad individual y colectiva, subyacen y muchas veces nos pasan inadvertidas, están en el fondo y ejercen una gran fuerza. Las sociedades han puesto un gran empeño en la construcción ideológica de los estereotipos femenino y masculino. Esto ha contribuido a realzar y magnificar las cualidades biológicas de hombres y de mujeres y a construir un rico “ideario” alrededor y más allá de estos atributos naturales. La construcción social de estereotipos en torno a “lo femenino” y a lo “masculino” ha encorsetado a hombres y a mujeres y nos a mantenido apartados, incógnitos y desconocidos las unos de los otros, alejados también de todo un sinfín de otras posibilidades que se han mantenido sin explorar. Como consecuencia de todo ello se han creado y mantenido grandes desigualdades. En su conjunto, todo esto se ha cobrado durante siglos incontables víctimas deinjusticias, profundas heridas personales y también muchos fracasos colectivos, todo pro del estatus quo.
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Todas y todos somos responsables, partícipes en la construcción social y cultural y también en el mantenimiento de estas estructuras. Mujeres yhombres hemos asumido los roles que nos han sido asignados y en muchas ocasiones no los hemos cuestionado, hemos sido privados y también hemos privado a los demás. Las desigualdades que han afectado a las mujeres se acrecientan hasta llegar a sus límites cuando se suman la pobreza, la inaccesibilidad a los recursos y a la educación y la marginalidad social. Los desequilibrios y las desigualdades se dan entre hombres y mujeres, entre las llamadas clases sociales y entre el Norte y el Sur; el primer mundo y los países con escasos recursos. De nuestra reflexión se desprende que la perspectiva del género es también la perspectiva de la diferencia y de las relaciones en torno al poder. Cambiar la mentalidad y las estructuras sociales no es tarea fácil ni algo que podamos pretender a gran escala. Sin embargo, si podemos trabajar desde nuestra posición en el entramado social, incidiendo en nuestro entorno y también en las organizaciones desde las que trabajamos. Creemos que podremos acercarnos a este objetivo si nos cuestionamos acerca de nuestra apercepciones y de nuestros valores en relación a los roles y a las relaciones de poder. Pensamos que es posible llevar este debate a nuestros lugares de trabajo y explorar nuevas (y más creativas) formas de funcionamiento y de relación, formas más horizontales y colaborativas, en las que los roles sean flexibles y nos permitan la asunción sana de nuestros límites y también el crecimiento y el desarrollo de nuestras múltiples capacidades. Proponemos el inicio hacía un cambio: desde “el poder sobre” hacía el “poder con”.
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